F&L

Y en una tarde lluviosa de Noviembre, llegaron los Príncipes de Asturias a Bombay. El motivo era, entre otras cosas, una recepción a la comunidad española de empresarios, becarios, misioneros y demás españolitos que pululamos por las atestadas arterias de la capital financiera India. El lugar era el hotel Taj Mahal, uno de los hoteles más lujosos del mundo, construido por Tata, un parsi, tras, dice la leyenda, serle negado el acceso a los mejores hoteles de la ciudad. Se impone orgulloso un palacio (no en vano, mahal es palacio en hindi) de cientos de habitaciones, tiendas de hiper lujo, restaurantes, clubs nocturnos y bares ante la altiva Gateway of India y los infestados mercadillos de Colaba Causeway. El que otrora dio cobijo a Jawarlal Nerhu, el padre de la patria y Espe Más Vidas Que Un Gato Aguirre en el rodaje de Jungla de Cristal V, ahora da cobijo a los príncipes, para los amigos (es decir, yo), Felipe y Leti (para mayor facilidad, de ahora en adelante F&L).

El día anterior al evento, yo había pasado por la tienda de camisas Zodiac en frente de mi oficina y, pertrechado con el traje que llevaría al evento, pedí consejo al dependiente, ya amigo mío, Sanjay, sobre qué camisa y qué corbata utilizar. Salí de la tienda con una camisa de seda color lila con rallas horizontales moradas y una corbata morada con rallas diagonales fucsia. La combinación puede sonar algo Sabateriana (de Leticia, no de Fernando) pero el resultado era el buscado. Por fin parecería un hombre de negocios respetable, lo más parecido posible a Patrick Bateman en American Psycho en vez de un “vive la vie” con barba de tres días, chinos y camisa semiabrochada sacado de una novela de Flaubert (a lo Léon Dupuis, por ejemplo) . Por supuesto, no basta con parecerlo. De ello me di cuenta al día siguiente.

Recogí mi invitación en la misma puerta del Taj Mahal a la guapa y apañada (como diría Inés) Geet, trabajadora del consulado que siempre nos atiende lo mejor que puede, con su castellano curtido en Leganés y sus grandes ojos de mumbaikar. ¡Bonito vestido! La espeté. Ella sonrió tímida. ¡Gracias! (creo que esta conversación se produjo sólo en mi imaginación…no estoy seguro). Me metí en el ascensor. Tardó en llegar al 15º piso 5 segundos. Al salir, le doy la invitación al azafato mientras estrecho la grande mano de Germán, otro trabajador del consulado. Una vez dentro, me di cuenta con estupor que no conocía a nadie. ¿Dónde se habrán metido todos éstos becarios de la cámara de comercio?. Llamo al bueno de Iker, “Estoy en una reunión con empresarios, estoy hasta la polla, ahora salimos”. Vale, pues me quedo en el bar, dando vueltas despistado mientras veo llover por las enormes cristaleras. En el día en que Bombay se había disfrazado de Londres, la niebla y la lluvia no ayudaban en mi ubicación. Hay una palabra inglesa que define perfectamente mi estado en ese momento: “mismatch”. También una expresión castiza: “Como un elefante en una cacharrería”. Mientras miraba a mi alrededor algo incómodo, apareció el portavoz de la casa real, con sonrisa falsa y verbo tan fácil como forzado, diciéndonos cual sería el modo de proceder con los Príncipes de Asturias. Primero el besamanos (un apretón de manos) en escolar fila india (je  je  je) y luego los propios príncipes, en el salón, serían los que se irían aproximando a cada grupo de gente y charlarían, en las siempre cursis palabras del portavoz, “amigable y distendidamente con los presentes para conocer de primera mano sus preocupaciones y anécdotas”. Una advertencia: Nada de fotos. Otra: Nada de móviles. Los flashes no dejarían de saltar y los móviles de sonar en toda la velada. Atajo de republicanos…

Llegó el besamanos casi por traición. La  fila iba mucho más rápida de lo que cabía esperar y, sin darme cuenta, tenía a F&L delante de mí, yo con cara de sapo y ellos con cara de cormorán. Estreché primero la mano de Felipe, me miró a los ojos, yo le respondí con un leve movimiento de cabeza, acompañado de un extremadamente coloquial y fura de lugar “Qué pasa”. Acto seguido, yo aún descolocado por mi manera avergonzante de saludar a Felipe, pensando cómo se me ocurría responder así al saludo de Su Alteza, tenía entre mis manos la manita de Letizia. Felizmente me hacía el mismo caso que yo a ella. Al saludarme ni me miró. Lo comprendo, no soy Adonis (¿Éste Adonis, era un portero del Athletic?, nunca lo he tenido muy claro) ni Zubizarreta (éste si era portero) e imagino que estaría la pobre flor ya cansada de tanto saludo.

Un inciso aclaratorio: La princesa es mucho más guapa que en la realidad, pero no tiene culo. Estoy en condiciones de afirmar que llevaba un tanga. No, el color no lo pudimos ver. El príncipe es un Gran Hombre, por su estatura y por su barba. Parece más Príncipe que nunca, podría ser un héroe de la Marbel o DC. Pero no, es nuestro Príncipe. Dios Mediante.

Una vez en el salón de la recepción, comprobé con estupor cómo muchos de mis conocidos se transformaban. El alo de poder y glamour que desprendían los príncipes y los empresarios era suficiente para hacerle perder la cabeza (y las formas) a más de uno. Estos eventos también valen para poner a cada uno en su lugar. En su lugar están. Además, conoces a gente interesante. Un empresario, Juan, lleva varios meses viviendo en Bombay, desde que su empresa ganó un concurso para instalar semáforos en las calles y avenidas, algo así como pretender crear senderos en el corazón del Amazonas o plantar plátanos en la Patagonia.  Ardua tarea. A penas ve la luz del sol, pero su mujer, según me dijo ella misma, lo llevaba muy bien. Esto no habla muy bien del pobre Juan, pero si de su cuenta corriente. También conocí a Ainhoa, diseñadora Italo-Chileno-Española con la que pasé buena parte de la noche. Se ofreció a ser mi personal shopper y me felicitó por la elección de los colores de corbata y camisa (esque este Sanjay es un grande). Tras vinos y jarras de cerveza, tras intentar que en vez de copas, los camareros nos trajesen botellas de vino enteras para cada uno, tras despedir a F&L, tras buscar, en vano, un martes un local abierto en el que poder sacudir a gusto la borrachera, tras todo esto, llegué a mi habitación, me senté en la cama y pensé: Too much hustle…

P.S: No me busqueis en la foto que corona este post. No estoy. Soy el que sujetaba la cámara. ¿Alguien tenía que ser el pringao, no?. Además, el no tener foto con el príncipe me permite fardar de progre y republicano por mucho que desease haber estado en el lugar de cualquiera de ellos.

~ por 3mc33rizox en noviembre 18, 2009.

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